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La historia central es creación del Staff del foro. derivada de las novelas de la escritora británica Jane Austen. Sólo algunos personajes son propiedad de la autora, la mayoría son creados tanto por los miembros de Staff como por sus usuarios. El diseño y la ambientación general son propiedad de Chloe, Claire, Jenalod, Nana y Snape. El diseño tanto de gráficos como de estilo CSS, las descripciones e información son creación de nuestro Staff. El plagio será denunciado y castigado. ¡Apoyemos siempre la originalidad!. Nuestro foro abrió las puertas al público en febrero del año 2015. Durante este tiempo nuestros usuarios han participado en dos tramas globales.

Ambientación

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Ambientación

Mensaje por Jane Austen el Dom Feb 22, 2015 9:42 pm

Ambientación
Historia


La época de la regencia deriva su nombre de la época de la historia inglesa entre 1811 y 1820. Cuando la enfermedad del rey Jorge III (locura a causa de porfiria) lo dejó incapaz de gobernar, su hijo el príncipe de Gales fue designado como príncipe regente para gobernar en su lugar. Sin embargo, el término "Era de la regencia" se aplica a menudo de manera más amplia para el período comprendido entre 1795 y 1837. La era, que es conocida por sus desarrollos en la literatura, la moda, la política y la cultura, es famosamente representada en las novelas de Jane Austen.

Partimos de esta base de la hermosa época y de su arte, de Jane Austen, madre de tantos personajes que han marcado la vida de muchos que leen y viven las páginas de sus novelas. En este lugar podrás ser uno más de estos personajes o crear uno que podrá cruzarse con otros. Para ello hay que tomar en cuenta ciertos aspectos de la vida en la Regencia, datos que no pueden pasarse de largo, y aquí te damos un pequeño listado.

Es necesario saber de ésta época para poder participar. Es por ello que en varias secciones del foro puedes encontrar basta información. La mayor parte de la información se centra en el Reino Unido, por ello si quisieran llevar algún personaje extranjero es necesario documentarse. Para empezar deben recordar que las guerras napoleónicas, por tanto los franceses quedan fuera a menos que hayan ingresado a territorio británico antes de que la guerra comenzara.

Crianza de los hijos


Durante la era de la Regencia, las nodrizas cuidaban a los hijos de las familias adineradas durante los primeros años de vida. Dado que se creía que la leche materna de una mujer estaba dotada de sus características, las nodrizas eran elegidas en función de su comportamiento pacífico y paciente. Los niños pequeños tenían poco contacto con los padres. Una enfermera supervisaba a los niños mayores, mientras que una niñera realizaba las tareas domésticas en las habitaciones de los niños. Cuando los niños alcanzaban la edad escolar, se les asignaba una institutriz. Las institutrices eran las principales responsables de la educación, así como la instrucción moral de las señoritas y de los caballeros. Una institutriz típica enseñaba inglés, literatura, poesía, escritura de cartas, francés, italiano, aritmética, geografía, ciencias populares y religión.

Quienes no gozaban de estos privilegios  solían criar a sus hijos por ellas miasmas, eran las madres quienes educaban. En algunas otras ocasiones no había más educación que la autodidáctica.

Visita


La visita era una convención establecida en la sociedad de la regencia. Las personas visitaban a otras familias de su clase social y dejaban sus tarjetas de visita, si los miembros de la familia estaban fuera de la casa o no podían atender a los huéspedes. La función de las tarjetas de visita era mantener alejados a los aspirantes sociales, el mayordomo o criada de la casa pedían a un invitado no deseado dejar su tarjeta para que la visita pueda ser correspondida. Las tarjetas de visita de las damas eran más grandes que las de los caballeros, ya que los hombres las llevaban en los bolsillos del pecho. Cuando una dama llamaba a alguien, se quedaba en el carruaje mientras que su sirviente llevaba la tarjeta a la puerta. Solo si la señora de casa la invitaba, ella salía del carro. Las tarjetas se colocaban en una bandeja de plata en el portal de entrada.

Debutando



La Era de la regencia era una sociedad debutante. Una debutante es una joven mujer que hace su presentación oficial en la sociedad, anunciando su elegibilidad para el matrimonio. En la época, las mujeres dentro de las clases altas con frecuencia debutaban en bailes u otras reuniones sociales formales. Una debutante tenía que ser presentada por una señora que ya había sido presentada en sociedad. Esta costumbre se aseguraba la exclusividad social. Las madres presentaban a sus hijas, pero a veces otras mujeres presentan niñas cuyas madres habían muerto o no fueron presentadas debido a la posición social. En algunos casos, las mujeres casadas que nunca habían sido presentadas eran presentadas, aunque solo era para que ella sea reconocida por la sociedad como una mujer de estatus.

Cortejo


El protocolo de cortejo durante la era de la regencia era muy estricto. Una mujer joven soltera era obligada por el más estricto decoro, nunca se dejaba aparecer en público sin un acompañante. Era impropio que una mujer camine sola o ande en público sin escolta. Y era aún más impropio para ella asistir a fiestas sin un acompañante o dama a su lado. Sin embargo, el acto menos autorizado para una mujer era que ella esté en compañía privada con un hombre. Las parejas jóvenes eran supervisadas durante el cortejo. No se les permitía abrazarse, besarse o darse la mano. Los primeros nombres eran vedados hasta que una pareja se comprometa, en ese caso los primeros nombres podían ser pronunciados en privado, pero nunca en público. Incluso las personas casadas se referían la una a la otra formalmente en público, usando "señor" y "señora". En el cortejo personal no era permitido intercambiar regalos.  

Moda


La ropa interior


Lo primero que se ponían era una camisa que por lo general era de algodón o lino. Era una camisa simple y sencilla, sin ningún tipo de adornos. Su objetivo no era otro que servir de protección a la piel para salvarla de cualquier roce que pudiera ocasionarle el corsé. Su misión era, además, proteger del sudor corporal al corsé ya que esta prenda era mucho más difícil de limpiar que la camisa. La camisa terminaba muy por encima del dobladillo del vestido.
Usaban también unos pantalocillos de tela fina, de algodón o lino, que llegaban hasta los tobillos o hasta debajo de la rodilla. Empezaron a estar de moda alrededor de 1806 y al principio eran imitaciones de los calzones masculinos, pero gradualmente se fueron feminizando.

Lo siguiente que se ponían las mujeres era, por supuesto, el corsé. En la Regencia, la misión del corsé no era estrechar la cintura puesto que en aquella época se llevaban las cinturas altas, sino que se usaban para levantar y separar el pecho. Había dos tipos de corsés: cortos y largos. Los corsés cortos tenían un sorprendente parecido a los sujetadores modernos y su función era más realzar el busto que otra cosa. Los corsés largos eran muy parecidos a los bustiers de hoy en día. Generalmente tenían un pedazo de madera dura insertada en la parte delantera cuyo fin no era otro que mantener una buena postura. Como curiosidad señalar que los hombres jóvenes solían tallar y regalar este trozo de madera a sus novias. El corsé largo ayudaba también a proporcionar una suave línea desde el pecho hasta la cadera.

Encima del corsé se podían llevar entre una y cinco enaguas, dependiendo de la época del año y del grado de modestia de la dama en cuestión. La función de las enaguas era dar amplitud a las faldas de los vestidos y evitar que la fina tela de estos se pegara en demasía a las curvas femeninas. Las damas más descaradas usarían sólo una o dos enaguas... o ninguna. Las enaguas eran vestidos sin mangas y dependiendo del poder adquisitivo de la mujer eran de algodón ligero o seda. Para el invierno podían ser de franela. Solían llevar uno o dos volantes y al menos uno de estos a menudo asomaba bajo el dobladillo del vestido.
Las medias llegaban hasta el muslo o por encima de la rodilla y se ataban con ligas. Eran de seda o algodón, generalmente blancas, lisas, bordadas en este color o con adornos de encaje.

Las almohadillas entraban y salía de la moda durante la Regencia de acuerdo con el estilo del vestido. Se usaban con los vestidos de finales de 1790, y a medida que estos iban desapareciendo a principios de 1800, se iban dejando de lado regresando de nuevo con las faldas tipo campana. Eran de diferentes formas y tamaños y podían atarse o coserse en la parte posterior del vestido. Por razones obvias, debían ser usadas con moderación.

Vestido de mañana


Era un vestido de manga larga o corta, sencillo, de material fino y sin ningún tipo de adorno puesto que no iba a ser usado fuera de casa. A veces se hacía con restos de tela antigua o reformando vestidos viejos pasados de moda. Si nadie los iba a ver fuera del entorno del hogar, no tenía ningún sentido gastar dinero en ellos pudiendo invertir este en vestidos que sí se iban a usar en público.
El traje de montar
Estaba hecho de material resistente. Tenía un escote muy sencillo y una chaqueta destinada a cubrir el vestido en todo momento. Las faldas del traje de montar eran más largas y más completas que las faldas de un vestido de paseo o coche. Tenía que cubrir perfectamente las piernas de las mujeres y proteger su modestia mientras montaba a mujeriegas. El estilo de las chaquetas de montar, e incluso de los sombreros que se usaban a tal efecto, eran de corte bastante masculino. A menudo tenían también muchos detalles de los uniformes militares.

Vestido de tarde


Este tipo de vestido era todo lo contrario al vestido de mañana: este sí estaba destinado a ser visto. Precisamente porque este vestido sí era para verse, dependiendo dónde o quién fuera a verlo así sería el vestido. En general solían estar confeccionados con muselina, una tela para los vestidos de tarde muy popular en aquella época. En los primeros años del siglo XIX muchas jóvenes murieron tras coger un resfriado o una pulmonía provocada por llevar estos finos vestidos en invierno. A esto se le dio en llamar "la enfermedad de la muselina".
Durante el día, los senos estaban tapados por completo pues aunque tuvieran escotes bajos se cubrían con una pañoleta o bufanda remetida bajo el escote.

Los vestidos de paseo, para ir de compras, al parque o para realizar visitas, se hacían ya con más cuidado, más a la moda y con adornos más costosos.

Dentro de los vestidos de tarde estaban también aquellos para ir en coche o de viaje. Estos se realizaban con telas más pesadas y que fueran más resistentes a las arrugas que la muselina o el algodón. Además tenían menos adornos con el fin de que no se estropearan o aplastaran en los largos paseos en coche.

Las prendas de abrigo usadas para los vestidos de tarde eran una parte muy importante de la indumentaria. Se llevaban largas túnicas con capucha y mantones de diferentes estilos, a veces decorados con motivos griegos. Los chales de cachemira, seda o muselina se usaban también en primavera y verano.

El abrigo Spencer era una ajustada chaqueta que llegaba hasta la cintura y que se llevaba sobre los vestidos de tarde. Se dice que fue un invento de Lord Spencer, un antepasado de la princesa Diana, que según cuenta la leyenda pudo haber arrancado la cola de su chaqueta debido a que se la chamuscó con el fuego de la chimenea o bien por un accidente de caballo. Sea como fuere, lo cierto es que Lord Spencer fue el que dio instrucciones a su sastre para que le hiciera varias prendas de este estilo. Rápidamente las mujeres tomaron nota y se mandaron hacer chaquetas así, que coincidiendo con la moda actual de cinturas altas, convirtieron el abrigo Spencer en un clásico de la moda de Regencia.

Este tipo de abrigo se llevaba bien ajustado al cuerpo, abierto o abrochado completamente. Solía ser un poco más oscuro que el tono del vestido que se llevaba debajo. A principios de siglo este tipo de prenda no llevaba mangas, era más bien como un chaleco. A partir de 1804 solía tener un cuello de piel lo suficientemente grande para usar como esclavina de modo que diera calor al cuello y los hombros.
Otra prenda de abrigo era la pelliza. Creada también con el talle alto para usar con el vestido de tarde, esta prenda de abrigo se abrochaba por delante y a menudo tenía adornos de piel y plumas de cisne a juego con la tela en la que estaba realizada. Debido a la guerra con Napoleón, los detalles de adornos de tipo militar en esta  y otras prendas estuvieron también muy de moda en la Regencia. Algunas pellizas llegaban hasta los pies y otras eran tipos tres cuartos (abrigos cosacos). Se podían cerrar por el centro con tiras y borlas de seda. Dependiendo de la estación del año, podían confeccionarse con lana, piel, terciopelo de seda, satén, o incluso muselina.

Los vestidos de tarde iban obligatoriamente acompañados de otros accesorios indispensables tales como chales, esclavinas, mantos, peregrinas, guantes, gorros, orejeras, sombreros y, por supuesto, el tipo de calzado adecuado.

Vestido de noche


Los vestidos destinados a lucir en los eventos y fiestas de noche estaba permitido mostrar el pecho. De hecho, algunos escotes eran tan bajos que hasta se corría el riesgo de mostrar de más. Fueron muy populares los escotes cuadrados, tan bajos, que resulta difícil imaginar cómo se sujetaban las mangas. Las telas con las que eran confeccionados eran caras, de fina muselina, satén, tafetán o seda. Los vestidos hechos con terciopelo de seda estaban reservados para las mujeres mayores o casadas. Tanto en los vestidos de tarde como en los de noche, las debutantes debían llevar colores pastel o blancos. Los colores más oscuros no estaban destinados para las debutantes. Ahora bien, tampoco eran aconsejables para las otras damas, pues a la luz de las velas, ir vestida de oscuro era garantía de no ser apenas vista. Por ello, quienes no optaban por los tonos claros o simplemente se decidían por el negro, engalanaban sus vestidos con adornos metálicos o de cristal de manera que recayera en ellos la luz. Los vestidos a menudo eran de manga corta pero acompañados de guantes que llegaban por encima del codo. Los guantes no sólo eran de color blanco o negro, sino también de otros muchos colores, incluso azules o amarillos, fabricados con piel de cabritilla.

Los vestidos de noche iban, por supuesto, acompañados de capas y chales. Las ropas de abrigo tenían adornos de cordón, encajes y pieles, con bordados en oro o plata. Cuando hacía menos frío llevaban sobre los hombros mantos de seda ribeteados con encaje. Para las salidas a la ópera en una fría tarde noche, quienes se lo podían permitir se envolvían en mantos de terciopelo forrados de armiño.

Algunas curiosidades


Entre 1815 y 1825, debido a las hostilidades entre Francia y Gran Bretaña, cada país siguió su propia moda puesto que no podían intercambiar información. Así, la moda inglesa era cada vez más romántica, con cuellos de encaje, mangas abullonadas y colores más vivos. Las cinturas también comenzaron a bajar un poco. En Francia, sin embargo, los vestidos seguían manteniendo la cintura alta y los colores seguían siendo claros, pero añadían adornos a las telas y las faldas se ampliaban en la base. Los peinados y los sombreros iniciaban una escalada alcista, probablemente para contrarrestar el efecto de la forma del final de las faldas.

Una vez firmado el tratado de paz entre Gran Bretaña y Francia, las inglesas se sorprendieron al ver lo diferentes que eran ambas modas y rápidamente reemplazaron sus armarios adaptándolos al estilo francés.

A partir de 1820, los corsés empezaron ya a ser usados por todas las mujeres para estrechar la cintura y las faldas se empezaron a ampliar para alejarlas de las piernas.

La cintura, que empezó a bajar más o menos a razón de un centímetro por año, en 1825 estaba ya casi situada en su lugar natural.

Los volantes y mangas de muselina blanca, en muchas ocasiones eran piezas independientes que se podían poner y quitar para lavarlas con frecuencia, además de poderse usar en diferentes vestidos.


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